02-02-2026
Los juegos de mesa forman parte de la memoria colectiva de muchas personas mayores. El dominó, las cartas, el parchís o el ajedrez evocan tardes compartidas en familia, reuniones entre amigos o momentos de ocio tranquilo que, con el paso del tiempo, siguen teniendo un valor muy especial. Más allá de la nostalgia, los juegos de mesa se han consolidado como una herramienta fundamental para el bienestar emocional, cognitivo y social en la edad adulta y en la vejez.
En el contexto de los centros para personas mayores, los juegos de mesa no son solo una forma de entretenimiento. Son una actividad que estimula la mente, fomenta la interacción social y refuerza la autoestima. Jugar implica tomar decisiones, recordar normas, anticipar movimientos y, sobre todo, compartir tiempo con otras personas. Todo ello contribuye a mantener activas las funciones cognitivas y a prevenir el aislamiento social, uno de los grandes riesgos en esta etapa de la vida.
Además, los juegos de mesa se adaptan fácilmente a las capacidades de cada persona. No existe una única forma de jugar ni un único ritmo, lo que permite que todas las personas puedan participar, sentirse cómodas y disfrutar de la experiencia sin presión.
Los juegos de mesa tradicionales siguen siendo los más habituales y apreciados entre las personas mayores. Juegos como el dominó, las cartas o el bingo no solo son conocidos y accesibles, sino que también aportan múltiples beneficios a nivel cognitivo. Requieren atención, memoria, cálculo mental y capacidad de concentración, habilidades que conviene ejercitar de manera regular.
El dominó, por ejemplo, favorece la planificación y la lógica, mientras que los juegos de cartas trabajan la memoria y la agilidad mental. El bingo, muy presente en los centros de mayores, combina la atención sostenida con la emoción del juego compartido, generando un ambiente distendido y participativo. El ajedrez y las damas, por su parte, estimulan el pensamiento estratégico y la toma de decisiones.
En los últimos años, también se han incorporado juegos de mesa adaptados o de nueva creación, pensados específicamente para personas mayores. Estos juegos tienen normas sencillas, piezas más grandes y dinámicas más accesibles, lo que facilita la participación de personas con diferentes niveles de autonomía o con deterioro cognitivo leve. La clave está en adaptar el juego a la persona, y no al revés.
Uno de los grandes valores de los juegos de mesa es su dimensión social. Jugar en grupo crea vínculos, favorece la comunicación y genera un sentimiento de pertenencia. Las partidas se convierten en espacios de conversación, risas y complicidad, donde se refuerzan las relaciones entre las personas usuarias del centro.
Las actividades grupales basadas en juegos de mesa ayudan a romper la rutina diaria y aportan estructura al tiempo de ocio. Organizar partidas regulares, pequeños torneos o sesiones temáticas permite mantener la motivación y dar continuidad a la actividad. En este contexto, la competencia se vive de forma saludable, como un estímulo positivo que refuerza la autoestima y el deseo de superación, siempre desde el respeto y el compañerismo.
Participar en un juego implica aceptar normas, respetar turnos y gestionar la frustración cuando no se gana. Todas estas competencias emocionales son fundamentales en cualquier etapa de la vida y adquieren especial relevancia en la vejez. Los juegos de mesa ofrecen un entorno seguro para trabajar estas habilidades de forma natural y agradable.
Además, estas actividades favorecen la inclusión de personas recién llegadas al centro, ya que el juego actúa como un lenguaje común que facilita la integración y el establecimiento de nuevas relaciones sociales.
En Onacare, los juegos de mesa forman parte de una propuesta de ocio con sentido, pensada para promover el bienestar integral de las personas mayores. Los talleres de juegos de mesa se desarrollan en los centros como una actividad guiada y adaptada, en la que profesionales especializados acompañan a las personas usuarias, respetando sus ritmos, intereses y capacidades.
Estos talleres no solo buscan entretener, sino también estimular la mente, fomentar la participación activa y fortalecer las relaciones sociales. Las sesiones se organizan en pequeños grupos, lo que permite una atención más personalizada y un clima de confianza. Los juegos se seleccionan cuidadosamente, combinando propuestas tradicionales con otras más innovadoras, siempre con un enfoque lúdico y terapéutico.
Para las familias, los talleres de juegos de mesa de Onacare son una garantía de que sus seres queridos disfrutan de un tiempo de ocio de calidad, que contribuye a su bienestar emocional y cognitivo. Ver a una persona mayor implicada en una partida, riendo, conversando y tomando decisiones, es una muestra clara de que el envejecimiento activo es posible cuando se ofrecen las herramientas adecuadas.
En definitiva, los juegos de mesa son mucho más que un pasatiempo. Son una forma de cuidar, de acompañar y de dar valor al tiempo compartido. En Onacare, jugar es también una manera de seguir aprendiendo, relacionándose y disfrutando de cada etapa de la vida.